24 mar 2012

-Es que no sé, y me molesta no saber porque quiero saber.
-¿Por qué es tan importante saberlo?
-Porque es mi vida y no sé que hacer con ella.
-Tu vida es un libro en blanco que con el tiempo vas a ir escribiendo.
-Sí, pero es un libro en blanco y no tengo ni una idea para el argumento.
-Mentira.
-Está bien, tengo demasiadas ideas y no puedo elegir una, ¿contenta?
-Sí. Ya sabés a quién tenés que preguntarle.
-¡No puedo!
-¿Cómo que no? Dejá que tu corazón decida qué es lo mejor para vos.
-No entendés, ¿no?
-¿Qué cosa?
-Hace 16 años que vengo siguiendo la ruta que dicta mi corazón, pero ahora hay demasiados caminos iguales como para que él pueda elegir uno. Mi corazón está tan confundido como yo.
-Y entonces, ¿por qué no me escuchás a mi?
-Porque vos me querés guiar a lo más fácil, lo más correcto, lo más cercano, lo que más me conviene.
-¿Y qué más podrías pedir?
-Felicidad, y eso no me lo das vos.
-Yo soy tu cerebro, doy cordura no felicidad.
-Exacto.
-Madre mía, que frialdad. Debes estar muy disgustada.
-¡POR SUPUESTO QUE SÍ!
-No entiendo por qué querés apurar las cosas, a su tiempo sabrás qué hacer.
-Mirá, te lo pongo así. Si un día como hoy del año que viene tuvieras que elegir entre dar en adopción a dos de tus tres hijos, ¿dejarías que las cosas sigan su rumbo y que a la larga vas a saber con cual de los tres hijos quedarte?
-¡Eso es estúpido! ¿Cómo podés siquiera comparar? ¡No tiene nada que ver con esto!
-¿Y si tuvieras que elegir entre tus ojos, tus manos o tus oídos?
-Tu situación no es tan grave, Mara. Por favor, reaccioná.
-¿No es tan grave? ¿Una decisión como esas no decide cómo va a ser tu vida a partir de ése día?
-Estas exagerando, demasiado, te vas de tema.
-Puede ser, pero yo lo siento así, me atormenta.
-¡No tiene que ser así! Relajate un poco, por favor. La única que está haciendo las cosas difíciles acá sos vos, no tu corazón, ni yo, ni nadie.
-No metas a mi corazón en esto, porque tiene el mismo problema que yo.
-¿Dónde está tu corazón? 
-No quiso venir, no tiene nada que aportar al tema.
-¿Cómo que no?
-No, ya te dije está muy confundido. Y es un cobarde. Y por eso estamos los tres en esta situación.
-¿Qué tres?
-Mi cerebro, mi corazón y yo.
-Bueno, pero nadie tiene la culpa, después de todo, la que está en una discusión interna consigo misma sos vos.